La duda invade al hombre a cada paso de su vida, las verdades se nublan y los valores se convierten en un cuadro colgado en la pared, vistoso pero inútil en la mayoría de las ocasiones,  el todo, se dicta día a día cual sentencia condenatoria.

Y después de un tiempo, en una gran nube nos hemos convertido, feroz, imponente, capaz inclusive, de cubrir el sol incandescente, pero al final de cuentas, débil ante las inclemencias del tiempo. Ante el  viento, el calor y en ocasiones otros nimbos.

En este momento, el aquí y el ahora han pasado a la memoria, las palabras ya son mudas, y el rayo ha perdido su luz, siempre en tormenta, jamás, jamás en la calma de un día soñado.

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